martes, 3 de abril de 2018

Prueba diagnóstica 2018

La propuesta es elaborar un texto narrativo (sin mínimo ni máximo de extensión) donde se cuente una historia sobre un personaje ficticio que puede ser: 
a) Pedro (25  años, vive en Buenos Aires, es ingeniero y un poco agrandado)
b) Rosa (18 años, vive en Montevideo, es artesana y muy imaginativa)
La historia será inventada, el estudiante elegirá si cuenta algo realista o fantástico. Debe tener título y al menos dos recursos literarios.
La creación de este texto servirá para evaluar el desempeño escrito del estudiante, por lo cual deberá escribirla a mano, con lapicera, y entregarlo la semana que viene.

Por dudas: laprofedelit@gmail.com

martes, 13 de marzo de 2018

"EDIPO REY" PRÓLOGO

EDIPO REY     PRÓLOGO

(Ante el palacio de Edipo se presenta el Sacerdote y un Coro mudo de ancianos)

EDIPO: Mis hijos, generación nacida de aquel antiguo Cadmo, ¿por qué en mi presencia os sentáis en los altares con ramos de suplicantes? La ciudad está al tiempo inundada de perfumes, de cantos de peanes, de lamentos; no quiero oír por otros mensajeros que vosotros qué significa esto; por eso estoy aquí yo, a quien todos llaman el glorioso Edipo. Mas ea, anciano, explícate, pues por tu edad debes hablar antes que estos: ¿por qué estáis aquí? ¿Por miedo o a implorar? ¡Habla, sabiendo que yo quiero ayudaros en todo, porque sería insensible si no me apiadara de una súplica cual esta!

SACERDOTE: Pues bien, Edipo, rey de mi patria, ves de qué edades tan dispares somos los que estamos sentados en tus altares: unos no tienen fuerza para un largo vuelo; otros somos sacerdotes ya torpes por la edad –yo lo soy de Zeus- ; estos otros son los mejores de los jóvenes y la restante multitud está sentada a las plazas con sus ramos de suplicantes, tanto junto a ambos templos de la diosa Palas como junto al altar de Apolo a orillas del Ismeno, altar de cenizas augurales. Que la ciudad, como tú mismo ves, sufre el embate de un fuerte temporal y no puede levantar su cabeza del fondo de sus olas de sangre. Perece en los frutos abortados de la tierra, perece en los partos sin hijos de las mujeres; y además, el dios que lleva el fuego, la peste odiosa, azota impetuoso a la ciudad y el negro Hades atesora lamentos y gemidos. No es por creerte igual a los dioses por lo que yo y estos jóvenes estamos sentados junto a los altares, pero sí el primero de los hombres en los azares de la vida y en la conciliación de los seres celestiales, pues que viniste a la ciudad de Tebas y nos libraste del tributo que pagábamos a la dura cantora, y esto sin habernos oído nada más que los otros ni haber sido instruido en el secreto, sino que con la ayuda de un dios dice y cree que ha enderezado nuestra vida. Pues bien, también ahora, ¡oh, Edipo, glorioso más que nadie a los ojos de todos!, todos los suplicantes te imploramos que nos encuentres una ayuda, ya sea que hayas oído una voz enviada por alguno de los dioses, ya que algo sepas por noticia de los hombres. Yo sé que los consejos de los hombres expertos obtienen mejor éxito. Ea, ¿oh, el mejor de los mortales!, haz erguirse de nuevo a esta ciudad; cuídate de tu fama: porque esta tierra te llama ahora su libertador por tu celo de antaño; y haz que jamás nos acordemos de tu reinado como de un tiempo en que nos pusimos de pie y luego caímos: ¡pon en pie a esta ciudad dejándola segura! En aquella ocasión nos diste la salud con un agüero favorable: ¡sé igual ahora con nosotros! Que si ahora has de reinar de esta tierra de la que ahora eres señor , más bello es serlo estando poblada que desierta pues nada es ni una ciudad desierta ni una nave sin los hombres que la ocupan.

EDIPO: ¡Oh, hijos doloridos! Me es conocido y no desconocido aquello que buscáis; porque bien sé que sufrís todos y, sufriendo, no hay ninguno que sufra igual que yo. Vuestro dolor os llega a cada uno de por sí y a nadie más; pero mi alma llora por la ciudad, por mí y por ti a la vez. Por ello, no me habéis despertado de mi sueño; estad seguros de que he vertido muchas lágrimas y he recorrido muchos caminos en mi mente. Y el único remedio que he encontrado  después de mirar mucho, ese le he puesto: he enviado a Creonte, mi cuñado, al templo de Apolo Pítico, a que inquiera qué he de hacer o decir para salvar a esta ciudad. Al calcular el tiempo transcurrido, estoy inquieto por lo que pueda hacer, pues tarda más  del tiempo  necesario, fuera de toda previsión. Mas cuando llegue seré yo un hombre vil si no hago todo cuanto revele el dios.

SACERDOTE: En momento oportuno lo dijiste, pues estos me señalan a Creonte que llega.

EDIPO: ¡Señor Apolo, si viniera con una noticia salvadora al igual que sus ojos resplandecen!

SACERDOTE: A lo que se ve, viene con buenas nuevas; en otro caso no vendría así, con una corona de laurel.

EDIPO : Lo hemos de saber pronto; está a distancia para poder oír. Cuñado, hijo de Meneceo, ¿qué respuesta del dios vienes trayendo?

CREONTE: Buena; pues hasta las desdichas, si tienen un buen fin, se trocan en venturas.

EDIPO: ¿Mas cuál es la respuesta? Pues por lo que hasta ahora has dicho no estoy ni confiado ni con miedo.

CREONTE: Si deseas oírla estando éstos delante, estoy dispuesto a hablar; e igual si quieres entrar dentro.

EDIPO: Habla ante todos: pues es por ellos más que por mí mismo por quiénes tengo el duelo.

CREONTE: Voy a decir lo que escuché del dios. El rey Febo nos ha ordenado claramente expulsar del país a la impureza que, según dice, ha arraigado en él y a no dejarla que prospere incurable

EDIPO: ¿Con qué rito? ¿Nuestra desgracia, en qué consiste?

CREONTE: Desterrando al culpable o vengando la muerte con la muerte, porque esta sangre es la que leva el temporal a la ciudad.

EDIPO: ¿Y a la muerte de qué hombre se refiere?

CREONTE: Era en tiempos, señor, Layo el rey de esta tierra, antes de gobernar tú esta ciudad.

EDIPO: Lo sé de oídas; porque jamás le he visto.

CREONTE: Ahora nos manda castigar a los culpables de su muerte.

EDIPO: ¿Y dónde están? ¿Dónde se encontrará esta oscura huella de una antigua culpa?

CREONTE: Dijo que aquí. Lo que se busca es posible encontrarlo: en cambio, aquello de que nadie se preocupa nos pasa inadvertido.

EDIPO: ¿Fue en el palacio o fue en el campo en donde Layo halló la muerte? ¿O fue en tierra extranjera?

CREONTE: Marcho a visitar Delfos, según dijo, y ya no volvió a casa una vez que partió.

EDIPO: ¿Y no lo vio algún caminante, alguien que, de enterarnos de ello, nos hubiera ayudado?

CREONTE: Han muerto, salvo uno, que huyó lleno de miedo y, fuera de una cosa, nada pudo decir a ciencia cierta de lo que vio.

EDIPO: ¿Qué cosa? Pues una sola cosa podría ser el camino para enterarnos de otras muchas si halláramos un breve comienzo de esperanza.

CREONTE: Dijo que unos bandidos, saliéndole al encuentro, lo mataron, no un hombre solo, sino una multitud.

EDIPO: ¿Y cómo el bandolero, si no se tramó algo desde aquí con ayuda de dinero, habría llegado a tanta audacia?

CREONTE: En esto se pensó; pero después que murió Layo, no hubo, en nuestro infortunio, nadie para salir en su defensa.

EDIPO: ¿Y cuál fue ese infortunio que estorbó, cuando el trono cayó de esta manera, que ello se descubriera?

CREONTE: La esfinge, la cantora de enigmas, nos forzaba a cuidarnos de lo más inmediato, dejando lo dudoso.

EDIPO: Voy a aclararlo todo desde el comienzo mismo. Febo con toda la razón, tú con razón os cuidasteis del muerto; y, como es justo, me hallaréis como aliado, defendiendo esta tierra y al dios al mismo tiempo. No es en defensa de amigos alejados, sino en la de mí mismo, como esta mancha he de limpiar. Quienquiera fuese el que a Layo dio muerte, podría quererme dar la muerte con su mano culpable. Ayudándole a él, a mí mismo me ayudo. Ea, de prisa, hijos, levantaos recogiendo esos ramos suplicantes. Que alguien reúna aquí al pueblo de Tebas, porque ningún recurso he de dejar: o seremos dichosos con la ayuda del dios, o caeremos.

SACERDOTE: Hijos míos, levantémonos, porque vinimos aquí en busca de las cosas que Edipo nos promete.  Y Febo, que ha enviado esta respuesta de su oráculo, venga cual salvador y acabe con la peste. 

"Cordero asado"

CORDERO ASADO

    La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador, dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente.
    Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo.
    De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación, simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel —estaba en el sexto mes del embarazo— había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes.
    Cuando el reloj marcaba las cinco menos diez, empezó a escuchar, y pocos minutos más tarde, puntual como siempre, oyó rodar los neumáticos sobre la grava y cerrarse la puerta del coche, los pasos que se acercaban, la llave dando vueltas en la cerradura.
    Dejó a un lado la costura, se levantó y fue a su encuentro para darle un beso en cuanto entrara.
    — ¡Hola, querido! —dijo ella.
    — ¡Hola! —contestó él.
    Ella le colgó el abrigo en el armario. Luego volvió y preparó las bebidas, una fuerte para él y otra más floja para ella; después se sentó de nuevo con la costura y su marido enfrente con el alto vaso de whisky entre las manos, moviéndolo de tal forma que los cubitos de hielo golpeaban contra las paredes del vaso. Para ella ésta era una hora maravillosa del día. Sabía que su esposo no quería hablar mucho antes de terminar la primera bebida, y a ella, por su parte, le gustaba sentarse silenciosamente, disfrutando de su compañía después de tantas horas de soledad. Le gustaba vivir con este hombre y sentir —como siente un bañista al calor del sol— la influencia que él irradiaba sobre ella cuando estaban juntos y solos. Le gustaba su manera de sentarse descuidadamente en una silla, su manera de abrir la puerta o de andar por la habitación a grandes zancadas. Le gustaba esa intensa mirada de sus ojos al fijarse en ella y la forma graciosa de su boca, especialmente cuando el cansancio no le dejaba hablar, hasta que el primer vaso de whisky le reanimaba un poco.
    — ¿Cansado, querido?
    — Sí —respondió él—, estoy cansado.
    Mientras hablaba, hizo una cosa extraña. Levantó el vaso y bebió su contenido de una sola vez aunque el vaso estaba a medio llenar.
    Ella no lo vio, pero lo intuyó al oír el ruido que hacían los cubitos de hielo al volver a dejar él su vaso sobre la mesa. Luego se levantó lentamente para servirse otro vaso.
    —Yo te lo serviré —dijo ella, levantándose.
    —Siéntate —dijo él secamente.
    Al volver observó que el vaso estaba medio lleno de un líquido ambarino.
    —Querido, ¿quieres que te traiga las zapatillas? Le observó mientras él bebía el whisky.
    —Creo que es una vergüenza para un policía que se va haciendo mayor, como tú, que le hagan andar todo el día —dijo ella.
    Él no contestó; Mary Maloney inclinó la cabeza de nuevo y continuó con su costura. Cada vez que él se llevaba el vaso a los labios se oía golpear los cubitos contra el cristal.
    —Querido, ¿quieres que te traiga un poco de queso? No he hecho cena porque es jueves.
    —No —dijo él.
    —Si estás demasiado cansado para comer fuera —continuó ella—, no es tarde para que lo digas. Hay carne y otras cosas en la nevera y te lo puedo servir aquí para que no tengas que moverte de la silla.
    Sus ojos se volvieron hacia ella; Mary esperó una respuesta, una sonrisa, un signo de asentimiento al menos, pero él no hizo nada de esto.
    —Bueno —agregó ella—, te sacaré queso y unas galletas.
    —No quiero —dijo él.

    Ella se movió impaciente en la silla, mirándole con sus grandes ojos.
    —Debes cenar. Yo lo puedo preparar aquí, no me molesta hacerlo. Tengo chuletas de cerdo y cordero, lo que quieras, todo está en la nevera.
    —No me apetece —dijo él.
    — ¡Pero querido! ¡Tienes que comer! Te lo sacaré y te lo comes, si te apetece.
    Se levantó y puso la costura en la mesa, junto a la lámpara.
    —Siéntate —dijo él—, siéntate sólo un momento. Desde aquel instante, ella empezó a sentirse atemorizada.
    —Vamos —dijo él—, siéntate.
   Se sentó de nuevo en su silla, mirándole todo el tiempo con sus grandes y asombrados ojos.     
    Él había acabado su segundo vaso y tenía los ojos bajos.
—Tengo algo que decirte.
    — ¿Qué es ello, querido? ¿Qué pasa?
     Él se había quedado completamente quieto y mantenía la cabeza agachada de tal forma que la luz de la lámpara le daba en la parte alta de la cara, dejándole la barbilla y la boca en la oscuridad.
    —Lo que voy a decirte te va a trastornar un poco, me temo —dijo—, pero lo he pensado bien y he decidido que lo mejor que puedo hacer es decírtelo en seguida. Espero que no me lo reproches demasiado.
    Y se lo dijo. No tardó mucho, cuatro o cinco minutos como máximo. Ella no se movió en todo el tiempo, observándolo con una especie de terror mientras él se iba separando de ella más y más, a cada palabra.
    —Eso es todo —añadió—, ya sé que es un mal momento para decírtelo, pero no hay otro modo de hacerlo. Naturalmente, te daré dinero y procuraré que estés bien cuidada. Pero no hay necesidad de armar un escándalo. No sería bueno para mi carrera.
    Su primer impulso fue no creer una palabra de lo que él había dicho. Se le ocurrió que quizá él no había hablado, que era ella quien se lo había imaginado todo. Quizá si continuara su trabajo como si no hubiera oído nada, luego, cuando hubiera pasado algún tiempo, se encontraría con que nada había ocurrido.
    —Prepararé la cena —dijo con voz ahogada.
    Esta vez él no contestó.
    Mary se levantó y cruzó la habitación. No sentía nada, excepto un poco de náuseas y mareo. Actuaba como un autómata. Bajó hasta la bodega, encendió la luz y metió la mano en el congelador, sacando el primer objeto que encontró. Lo sacó y lo miró. Estaba envuelto en papel, así que lo desenvolvió y lo miró de nuevo.
    Era una pierna de cordero.
    Muy bien, cenarían pierna de cordero. Subió con el cordero entre las manos y al entrar en el cuarto de estar encontró a su marido de pie junto a la ventana, de espaldas a ella.
    Se detuvo.
    —Por el amor de Dios —dijo él al oírla, sin volverse—, no hagas cena para mí. Voy a salir.
    En aquel momento, Mary Maloney se acercó a él por detrás y sin pensarlo dos veces levantó la pierna de cordero congelada y le golpeó en la parte trasera de la cabeza tan fuerte como pudo. Fue como si le hubiera pegado con una barra de acero. Retrocedió un paso, esperando a ver qué pasaba, y lo gracioso fue que él quedó tambaleándose unos segundos antes de caer pesadamente en la alfombra.
    La violencia del golpe, el ruido de la mesita al caer por haber sido empujada, la ayudaron a salir de su ensimismamiento.
    Salió retrocediendo lentamente, sintiéndose fría y confusa, y se quedó por unos momentos mirando el cuerpo inmóvil de su marido, apretando entre sus dedos el ridículo pedazo de carne que había empleado para matarle.
    «Bien —se dijo a sí misma—, ya lo has matado.»

    Era extraordinario. Ahora lo veía claro. Empezó a pensar con rapidez. Como esposa de un detective, sabía cuál sería el castigo; de acuerdo. A ella le era indiferente. En realidad sería un descanso. Pero por otra parte. ¿Y el niño? ¿Qué decía la ley acerca de las asesinas que iban a tener un hijo? ¿Los mataban a los dos, madre e hijo? ¿Esperaban hasta el noveno mes? ¿Qué hacían?
    Mary Maloney lo ignoraba y no estaba dispuesta a arriesgarse.
    Llevó la carne a la cocina, la puso en el horno, encendió éste y la metió dentro. Luego se lavó las manos y subió a su habitación. Se sentó delante del espejo, arregló su cara, puso un poco de rojo en los labios y polvo en las mejillas. Intentó sonreír, pero le salió una mueca. Lo volvió a intentar.
    —Hola, Sam —dijo en voz alta. La voz sonaba rara también.
    —Quiero patatas, Sam, y también una lata de guisantes.
    Eso estaba mejor. La sonrisa y la voz iban mejorando. Lo ensayó varias veces. Luego bajó, cogió el abrigo y salió a la calle por la puerta trasera del jardín.
    Todavía no eran las seis y diez y había luz en las tiendas de comestibles.
    —Hola, Sam —dijo sonriendo ampliamente al hombre que estaba detrás del mostrador.
    — ¡Oh, buenas noches, señora Maloney! ¿Cómo está?
    —Muy bien, gracias. Quiero patatas, Sam, y una lata de guisantes.
    El hombre se volvió de espaldas para alcanzar la lata de guisantes.
    —Patrick dijo que estaba cansado y no quería cenar fuera esta noche —le dijo—. Siempre solemos salir los jueves y no tengo verduras en casa.
    — ¿Quiere carne, señora Maloney?
    —No, tengo carne, gracias. Hay en la nevera una pierna de cordero.
    — ¡Oh!
    —No me gusta asarlo cuando está congelado, pero voy a probar esta vez. ¿Usted cree que saldrá bien?
    —Personalmente —dijo el tendero—, no creo que haya ninguna diferencia. ¿Quiere estas patatas de Idaho?
    — ¡Oh, sí, muy bien! Dos de ésas.
    — ¿Nada más? —El tendero inclinó la cabeza, mirándola con simpatía—. ¿Y para después?               ¿Qué le va a dar luego?
    —Bueno. ¿Qué me sugiere, Sam?
    El hombre echó una mirada a la tienda.
    — ¿Qué le parece una buena porción de pastel de queso? Sé que le gusta a Patrick.
    —Magnífico —dijo ella—, le encanta.
    Cuando todo estuvo empaquetado y pagado, sonrió agradablemente y dijo:
    —Gracias, Sam. Buenas noches.
    Ahora, se decía a sí misma al regresar, iba a reunirse con su marido, que la estaría esperando para cenar; y debía cocinar bien y hacer comida sabrosa porque su marido estaría cansado; y si cuando entrara en la casa encontraba algo raro, trágico o terrible, sería un golpe para ella y se volvería histérica de dolor y de miedo. ¿Es que no lo entienden? Ella no esperaba encontrar nada. Simplemente era la señora Maloney que volvía a casa con las verduras un jueves por la tarde para preparar la cena a su marido.
    «Eso es —se dijo a sí misma—, hazlo todo bien y con naturalidad. Si se hacen las cosas de esta manera, no habrá necesidad de fingir.»
    Por lo tanto, cuando entró en la cocina por la puerta trasera, iba canturreando una cancioncilla y sonriendo.
    — ¡Patrick! —llamó—, ¿dónde estás, querido? Puso el paquete sobre la mesa y entró en el cuarto de estar. Cuando le vio en el suelo, con las piernas dobladas y uno de los brazos debajo del cuerpo, fue un verdadero golpe para ella.

    Todo su amor y su deseo por él se despertaron en aquel momento. Corrió hacia su cuerpo, se arrodilló a su lado y empezó a llorar amargamente. Fue fácil, no tuvo que fingir.
    Unos minutos más tarde, se levantó y fue al teléfono. Sabía el número de la jefatura de Policía, y cuando le contestaron al otro lado del hilo, ella gritó:
    — ¡Pronto! ¡Vengan en seguida! ¡Patrick ha muerto!
    — ¿Quién habla?
    —La señora Maloney, la señora de Patrick Maloney.
    — ¿Quiere decir que Patrick Maloney ha muerto?
    —Creo que sí —gimió ella—. Está tendido en el suelo y me parece que está muerto.
    —Iremos en seguida —dijo el hombre.
    El coche vino rápidamente. Mary abrió la puerta a los dos policías. Los reconoció a los dos en seguida —en realidad conocía a casi todos los del distrito— y se echó en los brazos de Jack Nooan, llorando histéricamente. El la llevó con cuidado a una silla y luego fue a reunirse con el otro, que se llamaba O'Malley, el cual estaba arrodillado al lado del cuerpo inmóvil.
    — ¿Está muerto? —preguntó ella.
    —Me temo que sí... ¿qué ha ocurrido?
    Brevemente, le contó que había salido a la tienda de comestibles y al volver lo encontró tirado en el suelo. Mientras ella hablaba y lloraba, Nooan descubrió una pequeña herida de sangre cuajada en la cabeza del muerto. Se la mostró a O'Malley y éste, levantándose, fue derecho al teléfono.
    Pronto llegaron otros policías. Primero un médico, después dos detectives, a uno de los cuales conocía de nombre. Más tarde, un fotógrafo de la Policía que tomó algunos planos y otro hombre encargado de las huellas dactilares. Se oían cuchicheos por la habitación donde yacía el muerto y los detectives le hicieron muchas preguntas. No obstante, siempre la trataron con amabilidad.
    Volvió a contar la historia otra vez, ahora desde el principio. Cuando Patrick llegó ella estaba cosiendo, y él se sintió tan fatigado que no quiso salir a cenar. Dijo que había puesto la carne en el horno —allí estaba, asándose— y se había marchado a la tienda de comestibles a comprar verduras. De vuelta lo había encontrado tendido en el suelo.
     __ ¿A qué tienda ha ido usted? —preguntó uno de los detectives.
    Se lo dijo, y entonces el detective se volvió y musitó algo en voz baja al otro detective, que salió inmediatamente a la calle.
    «..., parecía normal..., muy contenta..., quería prepararle una buena cena..., guisantes..., pastel de queso..., imposible que ella...»
    Transcurrido algún tiempo el fotógrafo y el médico se marcharon y los otros dos hombres entraron y se llevaron el cuerpo en una camilla. Después se fue el hombre de las huellas dactilares. Los dos detectives y los policías se quedaron. Fueron muy amables con ella; Jack Nooan le preguntó si no se iba a marchar a otro sitio, a casa de su hermana, quizá, o con su mujer, que cuidaría de ella y la acostaría.
    —No —dijo ella.
    No creía en la posibilidad de que pudiera moverse ni un solo metro en aquel momento. ¿Les importaría mucho que se quedara allí hasta que se encontrase mejor? Todavía estaba bajo los efectos de la impresión sufrida.
    —Pero ¿no sería mejor que se acostara un poco? —preguntó Jack Nooan.
    —No —dijo ella.
    Quería estar donde estaba, en esa silla. Un poco más tarde, cuando se sintiera mejor, se levantaría.
    La dejaron mientras deambulaban por la casa, cumpliendo su misión. De vez en cuando uno de los detectives le hacía una pregunta. También Jack Nooan le hablaba cuando pasaba por su lado. Su marido, le dijo, había muerto de un golpe en la cabeza con un instrumento pesado, casi seguro una barra de hierro. Ahora buscaban el arma. El asesino podía habérsela llevado consigo, pero también cabía la posibilidad de que la hubiera tirado o escondido en alguna parte.
    —Es la vieja historia —dijo él—, encontraremos el arma y tendremos al criminal.
    Más tarde, uno de los detectives entró y se sentó a su lado.
    — ¿Hay algo en la casa que pueda haber servido como arma homicida? —le preguntó—. ¿Le importaría echar una mirada a ver si falta algo, un atizador, por ejemplo, o un jarrón de metal?
    —No tenemos jarrones de metal —dijo ella.
    — ¿Y un atizador?
    —No tenemos atizador, pero puede haber algo parecido en el garaje.
    La búsqueda continuó.
    Ella sabía que había otros policías rodeando la casa. Fuera, oía sus pisadas en la grava y a veces veía la luz de una linterna infiltrarse por las cortinas de la ventana. Empezaba a hacerse tarde, eran cerca de las nueve en el reloj de la repisa de la chimenea. Los cuatro hombres que buscaban por las habitaciones empezaron a sentirse fatigados.
    —Jack —dijo ella cuando el sargento Nooan pasó a su lado—, ¿me quiere servir una bebida?
    —Sí, claro. ¿Quiere whisky?
    —Sí, por favor, pero poco. Me hará sentir mejor. Le tendió el vaso.
    — ¿Por qué no se sirve usted otro? —dijo ella—; debe de estar muy cansado; por favor, hágalo, se ha portado muy bien conmigo.
    —Bueno —contestó él—, no nos está permitido, pero puedo tomar un trago para seguir trabajando.
    Uno a uno, fueron llegando los otros y bebieron whisky. Estaban un poco incómodos por la presencia de ella y trataban de consolarla con inútiles palabras.
    El sargento Nooan, que rondaba por la cocina, salió y dijo:
    —Oiga, señora Maloney. ¿Sabe que tiene el horno encendido y la carne dentro?
    — ¡Dios mío! —gritó ella—. ¡Es verdad!
    — ¿Quiere que vaya a apagarlo?
    — ¿Sería tan amable, Jack? Muchas gracias.
    Cuando el sargento regresó por segunda vez lo miró con sus grandes y profundos ojos.
    —Jack Nooan —dijo.
    — ¿Sí?
    — ¿Me harán un pequeño favor, usted y los otros?
    — Si está en nuestras manos, señora Maloney...
    —Bien —dijo ella—. Aquí están ustedes, todos buenos amigos de Patrick, tratando de encontrar al hombre que lo mató. Deben de estar hambrientos porque hace rato que ha pasado la hora de la cena, y sé que Patrick, que en gloria esté, nunca me perdonaría que estuviesen en su casa y no les ofreciera hospitalidad. ¿Por qué no se comen el cordero que está en el horno? Ya estará completamente asado.
    —Ni pensarlo —dijo el sargento Nooan.
    —Por favor —pidió ella—, por favor, cómanlo. Yo no voy a tocar nada de lo que había en la casa cuando él estaba aquí, pero ustedes sí pueden hacerlo. Me harían un favor si se lo comieran. Luego, pueden continuar su trabajo.
    Los policías dudaron un poco, pero tenían hambre y al final decidieron ir a la cocina y cenar. La mujer se quedó donde estaba, oyéndolos a través de la puerta entreabierta. Hablaban entre sí a pesar de tener la boca llena de comida.
    — ¿Quieres más, Charlie?
    —No, será mejor que no lo acabemos.
    —Pero ella quiere que lo acabemos, eso fue lo que dijo. Le hacemos un favor.
    —Bueno, dame un poco más.
    —Debe de haber sido un instrumento terrible el que han usado para matar al pobre Patrick —decía uno de ellos—, el doctor dijo que tenía el cráneo hecho trizas.
    —Por eso debería ser fácil de encontrar.
    —Eso es lo que a mí me parece.
    —Quienquiera que lo hiciera no iba a llevar una cosa así, tan pesada, más tiempo del necesario.   
    Uno de ellos eructó:
    —Mi opinión es que tiene que estar aquí, en la casa.
    —Probablemente bajo nuestras propias narices. ¿Qué piensas tú, Jack?
    En la otra habitación, Mary Maloney empezó a reírse entre dientes.



Roald Dahl

martes, 14 de noviembre de 2017

PROGRAMA PARA EL EXAMEN REGLAMENTADO DE LITERATURA (4º año)

PROGRAMA PARA EL EXAMEN REGLAMENTADO DE LITERATURA (4º año)

I) ROALD DAHL: “CORDERO ASADO”.
Comentario del texto en sus aspectos generales y análisis del comienzo, hasta la muerte de Patrick.
II) “ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE”. 
Concepto de Romancero. Definición de romance. Su origen y relación con los cantares de gesta. Características. Clasificación según criterios temporales y temáticos. Comentario del romance mencionado. 
III) GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER: “RIMA LIII”
El Romanticismo: definición, relación con el neoclasicismo, autores y características del mismo. El Romanticismo español. Rimas de Bécquer. Comentario de la Rima LIII. 
IV) GREGORIO DE LAFERRÈRE: “LAS DE BARRANCO”
El teatro argentino a comienzos del siglo XX. Ubicación histórico-literaria del autor. Información general sobre “Las de Barranco”. Comentario del comienzo hasta la llegada de Linares inclusive (Acto I). Análisis de los principales personajes: María Barranco, sus hijas, Morales y Linares. 
V) FEDERICO GARCÍA LORCA: “LA CASA DE BERNARDA ALBA”
Obra  literaria de García Lorca. “La casa de Bernarda Alba”: título, subtítulo, intención del autor, nombres significantes de los personajes, indicaciones escénicas. Análisis de los principales personajes. Comentario del comienzo hasta la primera conversación a solas entre Bernarda y La Poncia (Acto I), el diálogo Adela-Martirio (Acto II) y el final de la obra, desde que se va Mª Josefa.  
VI) “LAZARILLO DE TORMES”. 
Concepto de siglos de oro españoles. La novela en España en el siglo XVI. El pícaro como personaje, definición y caracterización. Información general sobre el texto. Comentario de la infancia de Lázaro hasta el episodio del toro de piedra.

Prof.  Mariela Rodríguez, noviembre de 2017.

PROGRAMA: EXAMEN REGLAMENTADO DE LITERATURA (5º AÑO)

PROGRAMA: EXAMEN REGLAMENTADO DE LITERATURA (5º AÑO)

1) SÓFOCLES: “Edipo Rey”
   La cultura griega y su influencia en la civilización occidental. El clasicismo griego. Surgimiento del drama en relación con el ditirambo y el mito de Dionisos. Definición de tragedia griega. Las representaciones teatrales: papel del coro y de los actores, los concursos dramáticos, estructura de las obras, principales autores. Concepto de héroe trágico. El mito de Edipo en relación con “Edipo rey”.
   Análisis literario del prólogo y primer episodio de la obra.

2) BIBLIA: “Salmos” 
    El pueblo hebreo: evolución histórica y principales aspectos del mismo. Características de la religión hebrea (monoteísmo, alianza, mesianismo, moral). Conservación y fijación del texto bíblico. Noción de libro religioso, sagrado e inspirado. Concepto de canon. El Antiguo Testamento. Los Salmos (autores, temas, clasificación). 
Análisis literario  del Salmo 1.

    3) DANTE ALIGHIERI : “Divina Comedia”
    La literatura en la Edad Media. La “Divina Comedia” de Dante. Concepción del trasmundo a través de la obra. Estructura externa de la misma. Los reinos de ultratumba y sus características. Principales personajes y episodios. Título, versificación, estilo y temas del texto.
Análisis literario de los cantos I y III del Infierno.

4) WILLIAM SHAKESPEARE: “Macbeth”            
    El teatro isabelino: ubicación histórica, origen, formas de representación, principales autores. Cambios en la estructura y concepción de las obras. El teatro de Shakespeare: temas, antecedentes, fuentes, concepto de drama poético. “Macbeth”: relación entre la base histórica de la obra y los aportes personales del autor. Personajes, temas, elementos sobrenaturales. 
    Comentario de las escenas 1, 3, 5 y 7 del acto I, 2 del acto II y 1 del acto V.

5) MIGUEL DE CERVANTES: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”
Concepto de siglos de oro españoles. Tipos de novelas en España en la época de Cervantes: de caballerías, picarescas, pastoriles y sentimentales. Información general sobre “Don Quijote”: intención del autor, estructura, personajes, narrador. 
Argumento del capítulo 1 de la primera parte.



Prof. Mariela Rodríguez, Noviembre de 2017.

jueves, 5 de octubre de 2017

5º año: INFORMACIÓN GENERAL SOBRE CERVANTES Y “DON QUIJOTE”



INFORMACIÓN GENERAL SOBRE CERVANTES Y “DON QUIJOTE”

SIGLOS DE ORO ESPAÑOLES

Se conoce con este nombre a un período muy importante para España en lo artístico y literario. Abarca los siglos XVI y XVII, Renacimiento y Barroco respectivamente, época que el español de hoy recuerda a la vez con orgullo (por el esplendor artístico, por la unificación nacional) y vergüenza (por la rígida diferenciación de clases y el racismo existentes en su país por entonces).

RENACIMIENTO
Es una época en que resurgen las ideas y formas de la Antigüedad clásica, modificadas por la influencia de la Edad Media y el cristianismo. 
Se produce un movimiento cultural nuevo, el Humanismo, iniciado en Italia, que considera al hombre el centro del universo y dedica sus esfuerzos al estudio de las letras humanas. Adquieren gran importancia las universidades y florecen los “mecenas”, los protectores de los artistas. Se quiere restaurar el ideal educativo de la Antigüedad, que apuntaba a formar al hombre por igual en lo físico, moral, intelectual y artístico.
Entre los rasgos significativos de la cultura renacentista se destaca el individualismo, el hombre como centro del mundo y dueño de su destino. Hay gran vitalidad en la cultura: en el arte, la literatura, y también se percibe el esplendor de sus cortes y palacios. Es una época de optimismo, en la que se piensa que el universo y la naturaleza están a disposición del ser humano, que se cree capaz de dominarlos racionalmente. La confianza en el poder de la razón explica la idea de progreso propia del Renacimiento: se considera que el saber puede hacer cada vez mejor al hombre. 
España se encuentra unificada en lo político (monarquía), en lo religioso (catolicismo) y en lo lingüístico (castellano), pero esa unidad es todavía inestable. Hay en España muchos judíos y musulmanes “conversos”, que se convirtieron al cristianismo (o lo simularon) para evitar la expulsión del país. 
Pese a las riquezas obtenidas de América, los gastos de las continuas guerras llevaron a la pobreza. Los campos se van despoblando y aumentan los impuestos. La nobleza se organiza en jerarquías; en la cúspide están los títulos más altos (duques, condes, marqueses), luego vienen los caballeros y por último los hidalgos. Todos ellos estaban eximidos de pagar impuestos, por lo que los que no eran nobles hicieron cuanto pudieron para adquirir al menos la categoría de hidalgo, sea por compra de títulos, por soborno o adquisición de tierras. 
Culturalmente, el panorama se va haciendo cada vez más difícil, se publican listas de libros prohibidos y se censura previamente cualquier publicación. La Iglesia y el Estado tienen un fuerte control de todos los asuntos humanos, incluyendo el arte.
La literatura del Renacimiento en general busca la perfección, el orden, la claridad, sencillez, equilibrio y simetría. Es un arte para minorías, severo y exquisito.

BARROCO
El término “barroco” tuvo en su origen un significado peyorativo (“perla irregular”), pero ha sido aceptado luego para definir el conjunto de rasgos propios de la cultura del siglo XVII. No se produce una ruptura con el Renacimiento, sino una continuidad y evolución. Es un período en general visto como confuso, caprichoso y falto de reglas, con una actitud de angustia y decepción, por oposición a la euforia renacentista. Se vuelve a insistir en ideas medievales como la brevedad de la vida, la fugacidad de lo terrenal, el desengaño, una concepción negativa del mundo, que aparece como caos, desorden y confusión. 
En cuanto a las artes, podemos notar que se utiliza una rica ornamentación, con figuras en movimiento, con gran detallismo y expresividad. En pintura, las masas de color sustituyen a las líneas, se buscan los contrastes entre luz y sombras y las perspectivas sorprendentes. “El arte barroco sustituye la serenidad y severidad del arte clásico por un arte acumulativo que busca impresionar los sentidos y la imaginación con estímulos poderosos e inusuales”. Apunta al entendimiento a través de imágenes brillantes y juegos de conceptos, pero también al sentimiento, excitando la admiración, el terror, la compasión y sorpresa del lector. Toca temas pintorescos, grotescos o monstruosos, y se caracteriza por el gusto por lo irregular, lo complicado, detallado, sobrecargado, la exageración, las ambigüedades, los contrastes y las ironías.
Es un siglo de crisis, en el que España ha perdido su supremacía en el continente, las ganancias de las Indias se hacen cada vez menores, hay numerosas guerras, epidemias, decaen la agricultura, la industria y el comercio. La burguesía va perdiendo influencia, la nobleza y el clero acaparan las tierras, dejando gran parte de los campos sin cultivar. La miseria se extiende entre las clases populares, que abandonan el campo, donde la delincuencia es un fenómeno común, y buscan la supervivencia en las grandes ciudades, en las que crece de modo alarmante el número de desempleados, mendigos, pícaros y ladrones.



Miguel de Cervantes

Nació  en 1547; de su época de estudiante datan sus primeros trabajos poéticos. Típico hombre renacentista, su vida se dividió entre las armas y las letras. En ambas su labor fue destacada, aunque no igualmente reconocida. Como soldado, participó en varias batallas, incluyendo la de Lepanto, donde perdió el uso de la mano izquierda. Por ese tiempo fue hecho prisionero por los piratas turcos, y debió estar cautivo en Argel en espera de un rescate por dinero durante cinco años. A su regreso a España se encontró en la mayor pobreza, por lo cual tuvo que desempeñar diversos oficios, hasta el de recaudador de impuestos para la Armada Invencible, que lo lleva a la cárcel en 1602 por deudas y quiebras de sus aseguradores. Tal vez fue en prisión que comenzó a escribir su obra maestra, Don Quijote, ya que de ella afirma que “se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad hace su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”, si bien esto puede haber sido dicho en sentido metafórico, aludiendo a  la cautividad de la vida terrena, al cuerpo cautivo del espíritu.
A partir de la derrota de la Armada Invencible, en 1588, se inicia en España un sentimiento de fracaso generalizado: ya no existe la esperanza de un dominio español mayor. Las novelas de caballerías que satiriza Cervantes en el Quijote habían sido leídas por hombres que creían posible la mayor grandeza. América guardaba para ellos misterios, leyendas, aventuras, todo lo que termina en la época en que aparece esta novela. Este es un tiempo de desengaño, de choque entre la realidad presente y lo soñado.
  La obra de Cervantes comprende poesía lírica, narraciones y obras dramáticas.
a) Poesía lírica: se conservan unas 38 composiciones de variado valor, a veces con formas cultas, a veces con formas populares
b) Dramas: cultivó este autor la comedia, la tragedia y el entremés (obra pequeña, con asuntos cotidianos, con personajes de pueblo y un lenguaje cercano y gracioso), obteniendo un reconocimiento moderado.
c) Narraciones: escribe Cervantes novelas pastoriles (“La Galatea”), caballerescas (“Don Quijote”), de aventuras (“Los trabajos de Persiles y Segismunda”) y una serie de doce novelas breves, de intención moralizante, que él llama “novelas ejemplares”.
Desde la publicación en España de la novela de caballerías “Amadís de Gaula”, los lectores comienzan a deleitarse con las historias grandiosas, aunque inverosímiles, propias de este tipo de obras. Cervantes también las leyó, pero con mirada crítica. Les critica su falta de enseñanza (deleitan, pero no enseñan),que carecen de verdad histórica, que no son verosímiles, que su estilo es muy artificioso. De allí que las parodie en la obra que estudiaremos. Allí hay también personajes y situaciones propios de la novela pastoril y picaresca, si bien el autor no se burla de ellos, tal vez sintiéndolos más cercanos espiritualmente.

“EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”

Esta obra es hoy considerada el origen de la novela moderna, obra maestra de su autor. Su primera parte apareció publicada en 1605. 
Comienza con una dedicatoria al duque de Béjar, protector de Cervantes, seguida de un prólogo donde el autor, con tono desenfadado, plantea una crítica contra ciertos escritores de su época, deseosos de mostrar su erudición. Era frecuente que las obras aparecieran acompañadas por elogios de personas importantes, y Cervantes plantea que un amigo le aconsejó inventar dichos elogios, ya que no los tenía. Es por eso que a continuación hay una serie de poemas dedicados a Don Quijote, a Dulcinea, a Sancho, poemas firmados por personajes de ficción, que terminan con un diálogo en verso entre el caballo del Cid y el de Don Quijote. La narración propiamente dicha se articula en 52 capítulos, en los cuales se relatan dos salidas del personaje, una en la que va solo y otra en que es acompañado por Sancho, como escudero. Este último es el complemento perfecto para el idealismo de Don Quijote, ya que es un personaje práctico, que sólo cree lo que ve, con lo cual la percepción de la “realidad” no siempre es la misma para el caballero y el escudero. Otros, como el cura y el barbero, reaparecen en distintas partes de la novela. Además hay gran cantidad de personajes episódicos, cada uno con su historia, que complican la intriga. Toda esta acumulación de personajes, de historias, de aventuras, esta complejidad y diversificación de la trama, dan a la obra su carácter abierto y barroco.

La primera parte de la obra es una novela de forma abierta, formada por episodios cuya unidad surge del personaje central y de la relación que él establece con todos los demás.

En 1614, mientras Cervantes estaba escribiendo la segunda parte de la novela, aparece la continuación de la misma, firmada por Fernández de Avellaneda, seudónimo de un autor que no se dio a conocer. Es la suya una versión inferior, con un Quijote antipático y empequeñecido, sin mayor éxito. Esto motivó a Cervantes a desmentirlo reiteradas veces en su segunda parte, que aparece en 1615. Está dedicada al Conde de Lemos, otro protector, y consta de 74 capítulos y una sola salida del personaje, con un estilo más trabajado y preciso, y con mayor unidad de composición. Termina con la muerte del personaje, para evitar continuaciones.

Se discute a veces el origen de la historia, si tiene base real o literaria. Si bien Don Quijote es un personaje de ficción, se habló en la época de casos de personas que perdieron el juicio por leer novelas de caballerías. Por otro lado hay una obra, “El entremés de los romances”, cuyo protagonista enloqueció por leer romances. No sabemos si es o no anterior a la obra de Cervantes, o si influyó en ella.

Cervantes, quien se presenta como autor del prólogo y narración de ambas partes, aparece como recopilador de distintas tradiciones. Afirma la existencia de autores que escribieron sobre el Quijote, para darle verosimilitud, y a partir del capítulo 9 dice apelar a un supuesto manuscrito árabe, de un tal Cide Hamete Benengeli, que parece agotarse en la primera parte, pero reaparece sin explicaciones en la segunda. Benengeli significa “hijo de ciervo”, lo que coincide sugestivamente con el apellido del autor, Es como un juego de espejos: Cervantes crea a Cide Hamete, quien crea a Alonso Quijana, quien crea a Don Quijote...

Por último, digamos que la obra tiene a la vez elementos del estilo barroco y manierista. El carácter barroco está en la forma abierta de la novela, la acumulación de elementos, personajes y acciones, los múltiples contrastes de los personajes y el ritmo dinámico de la narración. El Manierismo fue un estilo artístico y literario de fines del siglo XVI y comienzos del XVII, de espíritu aristocrático, intelectualista. Se da en esta obra en el planteo de la relación entre el creador y el arte, la doble naturaleza del héroe (ridículo y sublime) y la inclusión de narraciones menores dentro de la novela, lo que se conoce como “arte dentro del arte”.

4ºaño: Información para Lazarillo de Tromes




SIGLOS DE ORO ESPAÑOLES

Se conoce con este nombre a un período muy importante para España en lo artístico y literario. Abarca los siglos XVI y XVII, Renacimiento y Barroco respectivamente, época que el español de hoy recuerda a la vez con orgullo (por el esplendor artístico, por la unificación nacional) y vergüenza (por la rígida diferenciación de clases y el racismo existentes en su país por entonces).    

    RENACIMIENTO
    
Es una época en que resurgen las ideas y formas de la Antigüedad clásica, modificadas por la influencia de la Edad Media y el cristianismo. 
Se produce un movimiento cultural nuevo, el Humanismo, iniciado en Italia, que considera al hombre el centro del universo y dedica sus esfuerzos al estudio de las letras humanas. Adquieren gran importancia las universidades y florecen los “mecenas”, los protectores de los artistas. Se quiere restaurar el ideal educativo de la Antigüedad, que apuntaba a formar al hombre por igual en lo físico, moral, intelectual y artístico.
Entre los rasgos significativos de la cultura renacentista se destaca el individualismo, el hombre como centro del mundo y dueño de su destino. Hay gran vitalidad en la cultura: en el arte, la literatura, y también se percibe el esplendor de sus cortes y palacios. Es una época de optimismo, en la que se piensa que el universo y la naturaleza están a disposición del ser humano, que se cree capaz de dominarlos racionalmente. La confianza en el poder de la razón explica la idea de progreso propia del Renacimiento: se considera que el saber puede hacer cada vez mejor al hombre. 
España se encuentra unificada en lo político (monarquía), en lo religioso (catolicismo) y en lo lingüístico (castellano), pero esa unidad es todavía inestable. Hay en España muchos judíos y musulmanes “conversos”, que se convirtieron al cristianismo (o lo simularon) para evitar la expulsión del país. 
Pese a las riquezas obtenidas de América, los gastos de las continuas guerras llevaron a la pobreza. Los campos se van despoblando y aumentan los impuestos. La nobleza se organiza en jerarquías; en la cúspide están los títulos más altos (duques, condes, marqueses), luego vienen los caballeros y por último los hidalgos. Todos ellos estaban eximidos de pagar impuestos, por lo que los que no eran nobles hicieron cuanto pudieron para adquirir al menos la categoría de hidalgo, sea por compra de títulos, por soborno o adquisición de tierras. 
Culturalmente, el panorama se va haciendo cada vez más difícil, se publican listas de libros prohibidos y se censura previamente cualquier publicación. La Iglesia y el Estado tienen un fuerte control de todos los asuntos humanos, incluyendo el arte.
La literatura del Renacimiento en general busca la perfección, el orden, la claridad, sencillez, equilibrio y simetría. Es un arte para minorías, severo y exquisito.    



    BARROCO

El término “barroco” tuvo en su origen un significado peyorativo (“perla irregular”), pero ha sido aceptado luego para definir el conjunto de rasgos propios de la cultura del siglo XVII. No se produce una ruptura con el Renacimiento, sino una continuidad y evolución. Es un período en general visto como confuso, caprichoso y falto de reglas, con una actitud de angustia y decepción, por oposición a la euforia renacentista. Se vuelve a insistir en ideas medievales como la brevedad de la vida, la fugacidad de lo terrenal, el desengaño, una concepción negativa del mundo, que aparece como caos, desorden y confusión. 
En cuanto a las artes, podemos notar que se utiliza una rica ornamentación, con figuras en movimiento, con gran detallismo y expresividad. En pintura, las masas de color sustituyen a las líneas, se buscan los contrastes entre luz y sombras y las perspectivas sorprendentes. “El arte barroco sustituye la serenidad y severidad del arte clásico por un arte acumulativo que busca impresionar los sentidos y la imaginación con estímulos poderosos e inusuales”. Apunta al entendimiento a través de imágenes brillantes y juegos de conceptos, pero también al sentimiento, excitando la admiración, el terror, la compasión y sorpresa del lector. Toca temas pintorescos, grotescos o monstruosos, y se caracteriza por el gusto por lo irregular, lo complicado, detallado, sobrecargado, la exageración, las ambigüedades, los contrastes y las ironías.
  Es un siglo de crisis, en el que España ha perdido su supremacía en el continente, las ganancias de las Indias se hacen cada vez menores, hay numerosas guerras, epidemias, decaen la agricultura, la industria y el comercio. La burguesía va perdiendo influencia, la nobleza y el clero acaparan las tierras, dejando gran parte de los campos sin cultivar. La miseria se extiende entre las clases populares, que abandonan el campo, donde la delincuencia es un fenómeno común, y buscan la supervivencia en las grandes ciudades, en las que crece de modo alarmante el número de desempleados, mendigos, pícaros y ladrones.

“LAZARILLO DE TORMES”

Es una novela, es decir, un relato extenso, en prosa, en el que intervienen personajes y se desarrollan sucesos en un marco social determinado. Se ubica en España, a mediados del siglo XVI, durante el reinado de Carlos V. Podemos encontrar en la época distintos tipos de novelas, a saber:
a) NOVELA DE CABALLERÍA: es la que narra las hazañas de un héroe joven, noble y hermoso, que resulta casi invencible frente a cualquier enemigo, ya sea humano, mago o monstruo. Está por lo general enamorado de una hermosa y virtuosa dama, a quien dedica sus triunfos. 
b) NOVELA SENTIMENTAL: tiene por tema el relato de los amores desventurados, apasionados y trágicos de una pareja, que logra vencer dificultades casi insalvables para llevar a buen término sus sentimientos. 
c) NOVELA PASTORIL: aquí también hay un tema amoroso, pero lo más importante es el marco natural en que se ubican, paisaje muy armónico y pacífico, con pastores cultos, que cantan a sus amadas en bellas poesías. 
d) NOVELA PICARESCA: es en cierta forma la antítesis de las otras, ya que habla de problemas tan reales como el hambre, la hostilidad del mundo, la soledad del individuo. Se trata de un género nuevo, propio de España.
Las novelas picarescas son en general relatos que parecen autobiográficos, es decir que es el propio protagonista el que cuenta su historia. El pícaro es un ser tan insignificante, socialmente hablando, que no tiene alguien que se ocupe de contar su vida: él mismo debe tomar la palabra. Por contraste, el héroe caballeresco siempre tiene un biógrafo, alguien que conoce todas sus hazañas.
Estas novelas se desenvuelven de modo lineal, sin saltos ni cambios bruscos en la temporalidad. Generalmente se presentan como una sucesión de episodios, y tienen como personaje central a un muchacho que pasa por muchos amos y atraviesa una serie de conflictos resueltos con humor. No hay grandes pasiones, y por eso carece de complicaciones trágicas. Su protagonista es con frecuencia antiheroico.
Se define al pícaro como “un mozo nacido casi siempre de padres pobres y de baja extracción, rara vez honrados, el cual por culpa de malas compañías o por falta de instrucción, al verse lanzado a la confusión de la vida y entregado a sí mismo, cae en la vagancia, se aparta del trabajo y lucha contra la vida como puede, con osadía y falta de escrúpulos, con engaño, malicia y malas artes. Su distintivo externo es el aspecto andrajoso, pero no la deformidad física. Sus ocupaciones son el pedir limosna, los bajos trabajos de ocasión, el vagar perezosamente de ciudad en ciudad. La necesidad de vivir lo hace desvergonzado y sin escrúpulos, pero no quisiera ser otra cosa que lo que es, no cambiaría su libre y despreocupada existencia por una sedentariedad honorable, a cambio de una cama y un techo.”
“Lazarillo de Tormes” no coincide con esto en todos los aspectos: él trata de cambiar su suerte, y se siente feliz cuando lo logra. No es, entonces, una típica obra picaresca, sino un antecedente de la misma. Por otra parte la novela picaresca tiene la tendencia a moralizar, a incluir reflexiones morales luego que han transcurrido, en la ficción, muchos años de los hechos narrados. El pícaro solo ve en la vida algo pasajero, que no vale la pena ser tomado en serio ni con mucho esfuerzo. Hay en esto un fondo trágico que el humor no puede borrar, si bien en “Lazarillo” la visión pesimista es menos fuerte. Lázaro es simpático, con una alegría de vivir típicamente renacentista. 
El título de la obra que nos ocupa es “Vida de Lazarillo de Tormes, de sus fortunas y adversidades”. Se supone que tuvo una primera edición en el año 1553, que no se ha conservado. En 1554 se edita la obra en tres ciudades, y cinco años más tarde se prohíbe su circulación en España, aunque muchos ejemplares entraron por los países limítrofes. En 1573 se publica “Lazarillo castigado”, una versión censurada de la obra, sin los tratados que más criticaban al clero, y no volvió a ser editada en forma completa hasta el siglo XIX. En cuanto a la fecha de composición, es incierta, apenas delimitada por dos alusiones históricas presentes en el texto: se menciona la batalla de los Gelves, contra los moros, lo cual nos ubicaría en 1510 o 1520, y también las cortes de Toledo, que se desarrollaron en 1525 y 1538.
El autor de la obra prefirió ocultar su identidad, lo que ha dado pie a muchas teorías sobre los motivos que lo llevaron al anonimato. ¿Sería un destacado político, o un religioso, que no quiso arriesgar su prestigio en esta obra? ¿Un judío converso? ¿O tal vez alguien inhibido por el carácter autobiográfico de la obra? Lo cierto es que no se sabe con certeza quién fue.
No pasó mucho tiempo antes de que aparecieran continuadores para obra tan exitosa como esta. Nuevas versiones continuaron surgiendo, incluso en pleno siglo XX.
En cuanto a su estructura, la novela cuenta en primera persona la vida de un joven que pasa de amo en amo, desde su infancia hasta su juventud. Se narra la vida de Lázaro, a la vez que se describe un cuadro de su sociedad con intención crítica, describiendo sus tipos y costumbres. La obra está desarrollada como una sucesión de episodios de desigual extensión. Se organiza en siete tratados y un prólogo, y su unidad se asegura por la figura del personaje central, siempre presente. Los distintos amos sirven para presentar a distintas clases de personas de la época: los mendigos, los curas, los nobles empobrecidos, los artistas, por ejemplo.
El argumento de la novela al final muestra el estado de miseria y deshonor al que las circunstancias habrían conducido a Lázaro. Los tres primeros tratados están centrados en el tema del hambre, así como los últimos tienen en común el afán de ascenso social y el paralelo descenso moral del protagonista. Lazarillo es un tipo humano, que va madurando y perdiendo ingenuidad a lo largo de la obra, hasta terminar en el desilusionado conformismo del final, cuando acepta una situación indigna al ser engañado por su esposa –si bien nunca lo reconoce abiertamente- con el jefe de ambos, el Arcipreste de San Salvador, a cambio de casa, ropa y trabajo.
El estilo en este libro es sobrio, nunca se acumulan detalles innecesarios, las descripciones y los diálogos son sencillos, sin elementos fantásticos. La novedad de la obra estaba en el uso de la primera persona: toda la novela parece ser una carta dirigida a alguien a quien el protagonista llama “vuestra merced”. Lázaro no cuenta toda su vida, sino aquello que quiere mostrar para explicar (y justificar) su forma de vivir.